Aprovechando la estancia de nuestro chico en Formigal os voy a relatar la leyenda de dicho lugar.
Cuentan que había una vez dos montes pequeños y pobres. Anayet y Arafita. Pero eran felices por su honradez y sencillez... y por su bella hija, Culibilla, la montaña más hermosa del Pirineo. Pero un día Balaitús, un monte fuerte y temido por todos, quiso quedarse con ella.
Así que se plantó ante Culibilla, y esta, que no quería a Balaitús gritó “A mi las hormigas” y todas las hormigas blancas del Pirineo cubrieron a Culibilla para salvarla de Balaitús.
Este, asustado, emprendió la huida. Culibilla, agradeció a las hormigas clavándose un puñal en su pecho para guardar allí a todas las hormigas (el forau de Peña Foratata, en forma de hormiguero), por eso no se encuentra ninguna hormiga en sus alrededores. Y Culibilla se hizo llamar desde entonces, en honor a las hormigas, Formigal (que en fabla aragonesa significa hormiguero)