Familiares, amigos y admiradores de Jade Goody, la joven fallecida hace dos semanas y cuya lucha contra el cáncer decidió convertir en un espectáculo mediático, le dieron ayer el último adiós en el funeral celebrado en Essex, sureste de Inglaterra.
Unas trescientas personas tomaron parte en la misa oficiada en la iglesia baptista de St.John, en la localidad de Buckhurst (Essex), después de que los restos de Goody fuesen llevados desde el barrio de Bermondsey, al sureste de Londres, donde la joven se crió.
Miles de personas se congregaron y arrojaron flores al Rolls-Royce con los restos de Goody -depositados en un ataúd blanco adornado con flores también blancas- a lo largo del recorrido que tomó el cortejo fúnebre desde Bermondsey hasta Essex, donde vivía.
Los hijos de Goody, Bobby y Freddy, de cinco y cuatro años, respectivamente, por expresa decisión de ella antes de morir, están de vacaciones en Australia con su padre, Jeff Brazier.
Las coronas enviadas por familiares y amigos al funeral llevaban mensajes como "Leyenda", "Esposa", "Hija" o "Jade de Bermondsey".
El servicio fue oficiado por la reverenda Corinne Brixton, que bautizó a Goody y a sus dos hijos el mes pasado, y por el reverendo Ian Farley, y después de la ceremonia los restos fueron llevados a un lugar privado no revelado.
El funeral fue seguido por numerosas personas fuera de la iglesia a través de unas pantallas gigantes.